Volví solo a escribirte a vos aunque sé que no debería, que debería dejarlo de lado, como todo lo que hago; pero me siento en necesidad de hacerlo, de buscarte en la ranura de mi teclado, o en los sonidos de mi mouse cuando clikeo por ahí.
¿dónde estás? ¿estás bien?, espero de todo corazón que me hayas olvidado por completo. Anhelo también que en algún momento de mi tenue vida, tenga la misma fuerza que me diste alguna vez para terminar el libro que jamás empecé... Sé que llegué a tu vida como cualquier extraño y terminé arrancándote las ganas de todo, terminé siendo un fantasma sin rostro. Perdón.
Hoy lo siento, en verdad me gustaría devolver el tiempo y evitarte todo el sufrimiento... pero se que no puedo, que de nada sirve querer y añorar vainas imposibles, es mejor entonces saber sobrellevarse la vida con la incertidumbre y la inseguridad. Eso intento.
Intento muy de vez en cuando odiarte a ti, detestar tu esencia, aborrecer con ganas lo que fuiste y lo que me permitiste ser; pero de nada sirve, aclaro. De nada sirve odiarte cuando hasta hace poco te amé con locura, de nada sirve pensar en lo que fue si no hay un presente estable entre los dos. Cuando ni siquiera yo existo.
Entonces miento, esto no es para ti, es para mí. Es por si acaso, vuelvo a caer; es para evitar una mutilación más, y para sacar de adentro la mierda que se me guardó, después de todo seré más imbécil de lo normal.
Camino sola, a oscuras y lo siento a él; al hombre de los sueños que jamás existió. Hoy después de tanto tiempo lo revivo en este pedazo de papel para escupirle en la jeta.
No me odies Julianita.


