Es ella, la que amanece cantando y me sonríe si la miro.
Sinceramente no tengo ganas de escribirme los parrafos del día y deleitarlos con lo que viví esa noche. Solo quería recordarle a mi imaginación lo que la razón quiere olvidar.
Y por más palabras cruzadas, miradas encontradas, por más silencios llenos de vibra y abrazos calientes; todo es nada.
Tu eres nada, yo soy nada.
Estamos condenadas a seguir caminando por la misma trocha.
Condéname con tu voz.
Cántame de nuevo, pero al oido.


No hay comentarios:
Publicar un comentario