Ayer me levanté seco por dentro, me levanté y lo primero que hice al parpadear fue buscar desesperadamente su rostro; me levante con ansias de verle a los ojos, como si su aliento mezclado con su típico entrecejo fruncido al despertar fuera el antídoto más potente a mi desamor.
Lo que me pareció más absurdo de todo el rodaje caótico por el que pasamos fue tu despedida; debo aclararte mujer, que has dejado una marca imborrable en mi pecho y un eco monótono, abrumador y asfixiante retumbando cada dos por tres en mi cabeza.
Así que acá está, para vos, tu canción favorita.
Ten siempre presente que la sensación nauseabunda que me produce una gota de sangre pútrida sobre el cemento, es la misma que experimento cuando grito tu nombre mirándome al espejo.
jueves, abril 29
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario